• Paco HF

Resignificando las normas viales.

En nuestra nota anterior “Los usos y luchas en el espacio público, con particular referencia en el campo vial”, comentamos que existe una segunda variable que mantiene una violencia generalizada en las prácticas cotidianas de desplazamientos, está es: “La fragmentación legal de las prácticas normadas” ó de “Cómo se rompe la norma”:


Dicha variable responde a ¿Qué procesos de movilidad urbana se generan con mayor frecuencia en el campo vial, que generan descontento o producen conflictos entra agentes viales y por los cuáles se evade la norma?


Luego entonces partamos de que existen cuatro momentos para explicar la fragmentación legal según agente vial, (peatón, ciclista, motociclista ó conductor). Dichos momentos son:

a) Visión sobre el medio de transporte; Entendida como las características que tiene dicho medio en términos de seguridad y eficiencia para decidir utilizarlo.

b) Accesos a la movilidad; Entendidos como la infraestructura que facilita ó impide realizar un desplazamiento urbano.

c) Práctica normada; Es aquella acción que se encuentra prevista en cualquier ordenamiento jurídico de movilidad urbana, responde a los derechos y obligaciones de los agentes viales.

d) Estrategia de resignificación: Que se pregunta ¿Cómo interpretan dichos agentes las normas establecidas para realizar los desplazamientos, ¿Por qué respetar ó no las normas establecidas en los ordenamientos jurídicos de movilidad urbana? Esto de acuerdo a la observación de elementos objetivos por los agentes viales como la señalética y el uso de la infraestructura vial mediante la cual procesan subjetivamente las acciones a realizar en la vía pública.


A continuación haremos un acercamiento de dichas variables en cuatro agentes viales; Peatón, Ciclista, Motociclista y Conductor de Vehículos, no pretendo hacer un perfil exhaustivo de los agentes viales[1] ya que estos se construyen o se adaptan a determinada ciudad o entorno urbano.


El peatón por ejemplo mantiene una visión sobre sus desplazamientos a pie, basada en la desprotección y la inseguridad, está a merced de los transportes motorizados en la ciudad, se percibe con poca libertad para mejorar los entornos que transita. Para él la movilidad es limitada sobre todo cuando se trata de adultos mayores ó menores de edad, los primeros porque requieren mayor tiempo para desplazarse y los segundos porque el espacio público también es un área de juego. Una de las prácticas normadas para éste actor es caminar por las banquetas, cruzar en intersecciones semaforizadas a nivel ó puentes peatonales en ausencia de semáforo. La estrategia de resignificación para él está en no subir puentes peatonales y aventurarse en medio de avenidas o calles transitadas, debido a que busca reducir el tiempo en su traslado pero también a la inseguridad de las ciudades, los atropellos es el principal indicador de ésta fragmentación de la norma.


En segundo lugar, el ciclista tiene una sensación de inseguridad sobre el medio de transporte, sin embargo, por ser muy económica decide aventurarse en busca de ciclovías interconectadas, sin embargo, muchas son intransitables a causa de vehículos estacionados, motociclistas que las invaden a gran velocidad o peatones que llevan carga pesada como son vendedores de diversos artículos en la vía pública; Por lo anterior el ciclista decide circular fuera de la ciclovía o en contrasentido. La norma vial exige al ciclista el uso de casco, testigos luminosos en su ropa y aditamentos que hagan visible su bicicleta así como evitar el uso de audífonos entre los más importantes, todo con la finalidad de evitar accidentes. La estrategia de resignificación para ellos muchas veces se demuestra con una violencia directa contra los invasores de su pista con la finalidad de hacer valer sus derechos de movilidad activa, en particular agrede al peatón porque es lento y se desplaza a menor velocidad.


En tercer lugar, el motociclista quien busca ser rápido y ágil, ambas cosas las consigue gracias a la velocidad que alcanza su medio de transporte; muchos de ellos evitan la norma imponiendo su lugar a través de adelantamientos indebidos, posicionándose en lugares exclusivos para peatones, en pocas ocasiones utiliza casco de seguridad, no suelen respetar los altos (sobre todo repartidores) y sobre todo suelen ser los menos pacientes en las horas pico de tráfico.


Finalmente el automovilista quien impone su velocidad y tipo de vehículo sobre el resto de los conductores, demostrando un poderío que está implícito y entendido por el resto de agentes viales, el cuál marca una distinción simbólica en la práctica cotidiana que implica imponer su movilidad motorizada sin la importancia del “otro”. Suelen ser los que ocasionan el gran número de accidentes mortales en los entornos interurbanos.

Cómo se pude constatar el trabajo que se requiere hacer para disuadir que la norma sea resignificada por dichos agentes y en consecuencia fragmentada en los ordenamientos jurídicos es arduo.


Una primera sugerencia es crear o fortalecer Comités Ciudadanos para la Movilidad Segura y la Convivencia Urbana, cuya principal finalidad sería incidir en los Planes o Programas de Movilidad Urbana que los gobiernos tienen ya como base; De lo cual hablaremos en nuestra siguiente nota.






[1] Estos bocetos de perfiles surgieron de la observación, detección y registro del diario de campo de la investigación: Hechos de Tránsito Terrestre: Un estudio comparativo de los siniestros viales en las ciudades de León y Aguascalientes”, que se puede consultar en la página web http://www.repositorio.ugto.mx/handle/20.500.12059/4462

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